jueves, 16 de junio de 2016

La vida es un collage

Ayer mi hija pequeña y yo pasamos la tarde con Violeta Monreal en la Feria del libro de Valladolid. Dicho así ya suena genial, una tarde fantástica, pero además de disfrutar de su compañía, disfrutamos de un taller de emociones impartido por ella durante el cual la vimos realizar en directo una de sus creaciones.

Hace mucho tiempo que seguimos con fruición los pasos de colores de esta asturiana. A mis hijos les gustan sus dibujos porque son originales, divertidos, sorprendentes, llamativos y hacen volar su imaginación. A mí me gustan porque les gustan a mis hijos. Aunque esto puede parecer una obviedad, admiro mucho a quienes escriben o dibujan para niños y son capaces de hacerlo poniéndose en la piel de un niño. Violeta es una de los pocos que lo consiguen, probablemente porque una parte de ella, nunca ha dejado de ser niña.

Durante el taller de ayer, Violeta nos enseñó a trabajar con las emociones. Aprendimos que parte de las emociones que transmite un dibujo las siente el ilustrador durante el proceso creativo. También aprendimos a escuchar a nuestro instinto creador, y a escuchar a los demás, porque algunas veces la chispa del ingenio salta de una mente a otra. Aprendimos que es mejor que la inspiración te encuentre trabajando, y aprendimos tolerancia a la frustración, porque si sale mal, no pasa nada, y perseverancia, porque las cosas se pueden repetir hasta lograr el resultado deseado, y autocrítica, porque hay que saber reconocer los errores propios para corregirlos. Aprendimos tantas cosas con Violeta, que en un solo cuento no se pueden contar.

Y como el genio creador nunca está quieto, mientras hablaba con los niños sobre emociones, intuiciones, visiones y técnicas de dibujo, Violeta realizó para los allí presentes dos composiciones improvisadas interactuando con los pequeños que parecían no querer despegarse de sus faldas. Niños y mayores contemplábamos embobados cómo los pedazos de papel pasaban por sus manos y se convertían en objetos o en partes de un todo que más tarde cobraría sentido. 

A manejar las emociones se aprende durante toda la vida, y a veces toda una vida no es suficiente para aprender. En el caso de los niños, la gran diferencia respecto a los adultos es la fugacidad e intensidad de sus emociones: en un corto espacio de tiempo, un niño puede sentir emociones opuestas con enorme intensidad (estar feliz, enfadado, asustado) y además las inserta en su interpretación cognitiva del mundo exterior, es decir, el niño (a veces también el adulto), tiene una percepción emocional de su entorno en la que, como ocurre en los dibujos de Violeta, a veces se mezclan lo real y lo imaginario.

En este sentido, una de las últimas creaciones como ilustradora de Violeta Monreal ha sido la colección Sentimientos y valores, en la que a lo largo de 27 historias podemos encontrar cómo sus protagonistas lidian con otros tantos sentimientos y sus respectivos opuestos. Leer con los hijos no es sólo una forma más de educarlos, sino también de conocerlos. Una técnica que suelo emplear cuando "leo" un cuento a un niño que no sabe leer, es pactar con él que yo leo las letras y él los dibujos. Ahí surge su personalidad en desarrollo, con sus emociones, sentimientos, pensamientos, ensoñaciones...algunos positivos, otros menos amables pero con los que hay que convivir y trabajar, porque, al fin y al cabo, la vida es un collage.

Tenemos en casa varias aventuras ilustradas por Violeta Monreal, os recomiendo Musicando con... (libros biográficos sobre músicos famosos con un cd de los fragmentos más significativos), la colección Oro parece (libros de adivinanzas) escrita por Antonio Gómez Yebra, otro genio de la literatura infantil que además es mi tío Antonio, el libro 16 Mujeres (que cuenta 16 biografías femeninas que mejoraron el mundo) y por último, la colección Los Grandes Clásicos, de la cual ayer nos compramos Caperucita Roja, porque es el cuento favorito de mis hijos y mío, y además, porque era irresistible. Gracias Violeta, por dibujar con emoción y por emocionarnos siempre.

Cuatro caperucitos y yo estrenando cuento


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