El otro día hablábamos en el parque sobre cómo y cuándo explicar ciertas cosas a los niños. Hay temas como el sexo o la muerte que son difíciles de abordar, especialmente cuando coinciden niños preguntones y padres que no se habían preparado el guión. En estos temas los niños casi nunca se conforman con la primera explicación y en la rueda de preguntas corre uno el riesgo de decir algo que les cree una idea equivocada (mi abuelito en el cielo hace la lluvia, ¿quieres hacer el amor con mi padre, que es muy divertido?). Lo que más me llamó la atención (ya me ha pasado más veces) fue que había un par de madres que dijeron yo pienso esperar a que se lo explique el maestro.
Otro día os contaré mis trucos para abordar temas peliagudos con los niños, hoy es el Día del Maestro y quiero hacer un homenaje a quienes se encargan de que el proyecto de persona que les entregamos a los tres años se convierta en un adolescente de doce que ha adquirido mucho más que conocimientos académicos. A veces nos suplen en situaciones complicadas (mamá, ¿qué es estar en paro?), otras nos echan un capote (dice la maestra que no pasa nada si no puedes venir a la actuación), y cubren nuestros olvidos (no te preocupes mamá, el maestro ha compartido su almuerzo conmigo). Cumplen tantas funciones que a veces se nos olvida cuál es su misión principal: despertar la curiosidad, porque el que no es curioso, no investiga su entorno, el que no investiga, no aprende, y el que no aprende, no evoluciona, corriendo el riesgo de quedarse en el proyecto de persona que era a los tres años.
Ningún maestro deja voluntariamente que esto ocurra. Lo que caracteriza principalmente la evolución a nivel cognitivo de un niño de primaria es el desarrollo del pensamiento abstracto, que dicho muy sucintamente es la capacidad de trabajar con símbolos, con términos mentales. Ésta se desarrolla entre los 6 y los 12 años y crece exponencialmente a partir de la lectoescritura y de la asimilación de las operaciones matemáticas básicas, aunque en los colegios se trabaja desde la etapa de infantil. Ésta es la labor principal de esas personas que pasan cinco horas de lunes a viernes con nuestros hijos
Muchos padres se quejan de ciertos contenidos. ¿Por qué es tan importante esto? ¿Qué más da que un niño no sepa qué es un sujeto, un predicado o la propiedad conmutativa? Es normal que no los entienda porque son conceptos abstractos. Efectivamente, como también son abstractos la solidaridad, la justicia, la compasión, la igualdad, el respeto....por eso necesitamos que los niños de doce años de sexto de primaria hayan desarrollado el pensamiento abstracto, por eso es tan importante el trabajo de los docentes.
Ése es el trabajo de los maestros: despertar la curiosidad de sus alumnos por las distintas materias, acompañarlos en sus experiencias de aprendizaje y evaluar su evolución a lo largo del curso. Educar no es cosa de maestros, es una tarea colectiva que comienza en nosotros, los padres, y compromete a toda la comunidad educativa. Todo lo que atañe a un niño a nivel cognitivo, involucra a los que están a su alrededor, lo que significa que no sirve de nada que nosotros demos una educación exquisita a nuestros hijos en casa si no los estamos enseñando a convivir, a cuestionar las actitudes de los demás y a juzgar las suyas propias.
Si alguien os pide que le contéis vuestra vida, lo normal es que empecéis por el colegio, porque más allá del colegio apenas tenemos recuerdos, sólo tenemos lo que nos han contado. Es en el colegio donde empezamos, por tanto, a forjarnos como personas, y esto lo hacemos dentro de un grupo de referencia, por eso es tan importante la acción de la comunidad educativa, como un conjunto de personas que comparten valores, criterios y actitudes con un mismo objetivo: educar. Cuanto más cohesionada esté esta comunidad, mejores educandos dará.
Durante los años de educación primaria, los padres vamos a ser las principales figuras de referencia, exprimamos al máximo esos años de influencia para ofrecer a nuestros hijos el modelo de adulto que nos gustaría que fueran. Sin olvidar que somos la pieza clave de la acción educativa, me gustaría proponer algunas acciones para mejorar esa cohesión de la comunidad educativa que garantice el éxito:
Hoy es el Día del Maestro y quiero darles las gracias a los buenos maestros que he conocido, que son muchos. Quiero infundirles ánimos en su quehacer diario, uno de los más importantes de la sociedad, si no el que más, y desde aquí decirles que no están solos, porque educar no es (sólo) cosa de maestros.
Si alguien os pide que le contéis vuestra vida, lo normal es que empecéis por el colegio, porque más allá del colegio apenas tenemos recuerdos, sólo tenemos lo que nos han contado. Es en el colegio donde empezamos, por tanto, a forjarnos como personas, y esto lo hacemos dentro de un grupo de referencia, por eso es tan importante la acción de la comunidad educativa, como un conjunto de personas que comparten valores, criterios y actitudes con un mismo objetivo: educar. Cuanto más cohesionada esté esta comunidad, mejores educandos dará.
Durante los años de educación primaria, los padres vamos a ser las principales figuras de referencia, exprimamos al máximo esos años de influencia para ofrecer a nuestros hijos el modelo de adulto que nos gustaría que fueran. Sin olvidar que somos la pieza clave de la acción educativa, me gustaría proponer algunas acciones para mejorar esa cohesión de la comunidad educativa que garantice el éxito:
- Comparte criterios y escucha a otros. Si aprovechas esos ratos a pie de parque o de pista deportiva con otros padres para saber cómo lo hacen los demás, a veces aprenderás muchísimo y otras darás consejos útiles.
- No le quites autoridad al maestro. Aunque no estés de acuerdo con sus decisiones o métodos. Lo mejor en estos casos es hablar entre adultos, pero aún así, si no ves posible una solución, no cuestiones sus actitudes delante de los niños, porque estás facilitando que le pierdan el respeto y eso imposibilita cualquier acción educativa.
- No hagas partícipe a tus hijos de tus conflictos con otros padres. Los nueve años de primaria pueden ser una condena muy larga si la mamá de Ana, la mejor amiga de tu hija, es insoportable, pero debes dejar que tu hija elija a sus amigos, más allá de tus preferencias personales y sin prejuicios provocados por ellas (si tú le dices "la mamá de Ana es tonta", es probable que tu hija deje de ser tan amiga de Ana).
- Participa activamente en la vida escolar. Existen muchas formas: ser miembro de la AMPA, del Consejo Escolar, organizar actividades extraescolares, coordinar colaboraciones de la comunidad educativa con otras organizaciones con fines benéficos (recogida de tapones, donación de material escolar), participar en alguna actividad en el aula (cuentacuentos, día de la paz, hablar de tu profesión), etc.
- Anima a tu hijo a identificarse con los proyectos de su centro escolar. No todo lo que organiza el colegio nos debe encantar, ni a ellos, porque eso significaría que unos y otros no tenemos criterios, pero es importante que destaquemos siempre los aspectos positivos y los animemos a participar en los distintos eventos que organiza el colegio: festival de final de curso, día del libro, excursiones...
- Escucha al maestro, sabe muchísimo de tu hijo. Los niños se comportan de forma muy distinta en el colegio. Escuchar a veces se convierte en un ejercicio de humildad muy duro, porque no nos gusta lo que oímos, pero la información que nos da el maestro es crucial para nuestro trabajo en casa como educadores.
- Interésate por el quehacer diario de tu hijo en la escuela. No se trata de hacerles un tercer grado al salir de clase, sino de estimular la conversación y que ellos nos cuenten espontáneamente.
- Cuece y enriquece. Algunas veces acompañar a tu hijo en su proceso de aprendizaje te llevará a recordar cosas que habías aprendido de memoria (cocer) y olvidado. Enriquece estos conocimientos con aportaciones tuyas, bien porque sepas algo más del tema, o animando a tu hijo a buscar información adicional en internet, libros....
- Enseña a tu hijo a defender su criterio con respeto dentro del grupo. No sirve de nada que tú inculques a tu hijo valores y actitudes estupendos si él no es capaz de defenderlos de puertas para afuera. Ayúdale a expresar sus ideas de forma respetuosa y a tener la valentía de no seguir al grupo si no está de acuerdo.
Hoy es el Día del Maestro y quiero darles las gracias a los buenos maestros que he conocido, que son muchos. Quiero infundirles ánimos en su quehacer diario, uno de los más importantes de la sociedad, si no el que más, y desde aquí decirles que no están solos, porque educar no es (sólo) cosa de maestros.
