domingo, 27 de noviembre de 2016

Educar no es cosa de maestros

El otro día hablábamos en el parque sobre cómo y cuándo explicar ciertas cosas a los niños. Hay temas como el sexo o la muerte que son difíciles de abordar, especialmente cuando coinciden niños preguntones y padres que no se habían preparado el guión. En estos temas los niños casi nunca se conforman con la primera explicación y en la rueda de preguntas corre uno el riesgo de decir algo que les cree una idea equivocada (mi abuelito en el cielo hace la lluvia, ¿quieres hacer el amor con mi padre, que es muy divertido?). Lo que más me llamó la atención (ya me ha pasado más veces) fue que había un par de madres que dijeron yo pienso esperar a que se lo explique el maestro.

Otro día os contaré mis trucos para abordar temas peliagudos con los niños, hoy es el Día del Maestro y quiero hacer un homenaje a quienes se encargan de que el proyecto de persona que les entregamos a los tres años se convierta en un adolescente de doce que ha adquirido mucho más que conocimientos académicos. A veces nos suplen en situaciones complicadas (mamá, ¿qué es estar en paro?), otras nos echan un capote (dice la maestra que no pasa nada si no puedes venir a la actuación), y cubren nuestros olvidos (no te preocupes mamá, el maestro ha compartido su almuerzo conmigo). Cumplen tantas funciones que a veces se nos olvida cuál es su misión principal: despertar la curiosidad, porque el que no es curioso, no investiga su entorno, el que no investiga, no aprende, y el que no aprende, no evoluciona, corriendo el riesgo de quedarse en el proyecto de persona que era a los tres años.



Ningún maestro deja voluntariamente que esto ocurra. Lo que caracteriza principalmente la evolución a nivel cognitivo de un niño de primaria es el desarrollo del pensamiento abstracto, que dicho muy sucintamente es la capacidad de trabajar con símbolos, con términos mentales. Ésta se desarrolla entre los 6 y los 12 años y crece exponencialmente a partir de la lectoescritura y de la asimilación de las operaciones matemáticas básicas, aunque en los colegios se trabaja desde la etapa de infantil. Ésta es la labor principal de esas personas que pasan cinco horas de lunes a viernes con nuestros hijos

Muchos padres se quejan de ciertos contenidos. ¿Por qué es tan importante esto? ¿Qué más da que un niño no sepa qué es un sujeto, un predicado o la propiedad conmutativa? Es normal que no los entienda porque son conceptos abstractos. Efectivamente, como también son abstractos la solidaridad, la justicia, la compasión, la igualdad, el respeto....por eso necesitamos que los niños de doce años de sexto de primaria hayan desarrollado el pensamiento abstracto, por eso es tan importante el trabajo de los docentes.

Ése es el trabajo de los maestros: despertar la curiosidad de sus alumnos por las distintas materias, acompañarlos en sus experiencias de aprendizaje y evaluar su evolución a lo largo del curso.  Educar no es cosa de maestros, es una tarea colectiva que comienza en nosotros, los padres, y compromete a toda la comunidad educativa. Todo lo que atañe a un niño a nivel cognitivo, involucra a los que están a su alrededor, lo que significa que no sirve de nada que nosotros demos una educación exquisita a nuestros hijos en casa si no los estamos enseñando a convivir, a cuestionar las actitudes de los demás y a juzgar las suyas propias.

Si alguien os pide que le contéis vuestra vida, lo normal es que empecéis por el colegio, porque más allá del colegio apenas tenemos recuerdos, sólo tenemos lo que nos han contado. Es en el colegio donde empezamos, por tanto, a forjarnos como personas, y esto lo hacemos dentro de un grupo de referencia, por eso es tan importante la acción de la comunidad educativa, como un conjunto de personas que comparten valores, criterios y actitudes con un mismo objetivo: educar. Cuanto más cohesionada esté esta comunidad, mejores educandos dará.

Durante los años de educación primaria, los padres vamos a ser las principales figuras de referencia, exprimamos al máximo esos años de influencia para ofrecer a nuestros hijos el modelo de adulto que nos gustaría que fueran. Sin olvidar que somos la pieza clave de la acción educativa, me gustaría proponer algunas acciones para mejorar esa cohesión de la comunidad educativa que garantice el éxito:


  • Comparte criterios y escucha a otros. Si aprovechas esos ratos a pie de parque o de pista deportiva con otros padres para saber cómo lo hacen los demás, a veces aprenderás muchísimo y otras darás consejos útiles.
  • No le quites autoridad al maestro. Aunque no estés de acuerdo con sus decisiones o métodos. Lo mejor en estos casos es hablar entre adultos, pero aún así, si no ves posible una solución, no cuestiones sus actitudes delante de los niños, porque estás facilitando que le pierdan el respeto y eso imposibilita cualquier acción educativa.
  • No hagas partícipe a tus hijos de tus conflictos con otros padres. Los nueve años de primaria pueden ser una condena muy larga si la mamá de Ana, la mejor amiga de tu hija, es insoportable, pero debes dejar que tu hija elija a sus amigos, más allá de tus preferencias personales y sin prejuicios provocados por ellas (si tú le dices "la mamá de Ana es tonta", es probable que tu hija deje de ser tan amiga de Ana).
  • Participa activamente en la vida escolar. Existen muchas formas: ser miembro de la AMPA, del Consejo Escolar, organizar actividades extraescolares, coordinar colaboraciones de la comunidad educativa con otras organizaciones con fines benéficos (recogida de tapones, donación de material escolar), participar en alguna actividad en el aula (cuentacuentos, día de la paz, hablar de tu profesión), etc.
  • Anima a tu hijo a identificarse con los proyectos de su centro escolar. No todo lo que organiza el colegio nos debe encantar, ni a ellos, porque eso significaría que unos y otros no tenemos criterios, pero es importante que destaquemos siempre los aspectos positivos y los animemos a participar en los distintos eventos que organiza el colegio: festival de final de curso, día del libro, excursiones...
  • Escucha al maestro, sabe muchísimo de tu hijo. Los niños se comportan de forma muy distinta en el colegio. Escuchar a veces se convierte en un ejercicio de humildad muy duro, porque no nos gusta lo que oímos, pero la información que nos da el maestro es crucial para nuestro trabajo en casa como educadores.
  • Interésate por el quehacer diario de tu hijo en la escuela. No se trata de hacerles un tercer grado al salir de clase, sino de estimular la conversación y que ellos nos cuenten espontáneamente.
  • Cuece y enriquece. Algunas veces acompañar a tu hijo en su proceso de aprendizaje te llevará a recordar cosas que habías aprendido de memoria (cocer) y olvidado. Enriquece estos conocimientos con aportaciones tuyas, bien porque sepas algo más del tema, o animando a tu hijo a buscar información adicional en internet, libros.... 
  • Enseña a tu hijo a defender su criterio con respeto dentro del grupo. No sirve de nada que tú inculques a tu hijo valores y actitudes estupendos si él no es capaz de defenderlos de puertas para afuera. Ayúdale a expresar sus ideas de forma respetuosa y a tener la valentía de no seguir al grupo si no está de acuerdo.
Un padre me dijo una vez que los maestros son el colectivo profesional que menos hijos tiene. No tengo datos estadísticos para afirmarlo, pero entiendo por el contexto en el que me lo dijo que para los maestros tener hijos sería algo así como llevarse trabajo a casa. Los niños son fantásticos en los buenos momentos: cuando estamos de buen humor, sin presiones ni prisas ni una programación anual, cuando hemos dormido suficiente y ellos también. El curso escolar tiene unos 175 días lectivos llenos de buenos y malos momentos, de sueño, de prisas, de suspensión de pagas extras, de problemas personales y dificultades de aprendizaje durante los cuales la mayoría de los niños adquiere los contenidos didácticos y va contento al colegio.

Hoy es el Día del Maestro y quiero darles las gracias a los buenos maestros que he conocido, que son muchos. Quiero infundirles ánimos en su quehacer diario, uno de los más importantes de la sociedad, si no el que más, y desde aquí decirles que no están solos, porque educar no es (sólo) cosa de maestros.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los deberes en la hoguera

Ahora que están de moda los 80 intento recordar cómo era mi infancia respecto al controvertido tema de este fin de semana: los deberes. Tengo muchísimos recuerdos: no hacerlos porque me parecían aburridos, hacerlos rápido para irme a jugar a la calle, ayudar a mis hermanos pequeños a hacerlos, intentar en vano que mi madre me hiciera los de plástica que se me daban fatal, hacerlos en el salón, en la habitación de mis padres, en mi cama.... Los niños de los 80 no rechistábamos a los maestros, ni nos cuestionábamos su autoridad, ni mucho menos lo hacían nuestros padres: hacíamos los deberes a regañadientes o nos los saltábamos y nos ateníamos a las consecuencias, porque los maestros de los 80 castigaban, y duro...No recuerdo a ningún niño decir "me encantan los deberes", y si lo hubiera dicho, los demás, los niños normales, lo hubiéramos odiado.

Este fin de semana comienza la huelga de deberes convocada por la CEAPA y a muchos padres les viene muy bien, porque se reutilizan las hogueras de Halloween para hacer una nueva quema de brujas: les toca a los maestros. Parece ser que en Francia esta misma huelga dio unos resultados espectaculares y se solucionó el problema regulándolo, pero cuando pienso que nuestro Congreso lleva casi un año sin hacer sus propios deberes, me da risa pensar que tienen que regular los de nuestros hijos.

Estoy a favor de los deberes y en contra del abuso de poder, venga de donde venga, pero creo que el planteamiento que se ha hecho es el de la guerra entre maestros y familias, cosa que considero un grave error. En el tema de los deberes hay tres factores involucrados:

Las familias

El problema fundamental de las familias con los deberes es que cuando son excesivos, resultan incompatibles con el ph familiar, es decir, con las múltiples circunstancias que atañen a las familias del siglo XXI y que en los años 80 nuestros padres no se planteaban. Los más listos (no era mi caso) hacían los deberes el viernes en la sobremesa, antes de que empezara a las 17 Barrio Sésamo. Hoy hay una amplia oferta televisiva tentadora que hipnotiza a los niños tanto tiempo como sus padres quieran permitir.

En los años 80 no nos íbamos de weekend, como mucho, nos llevaban al pueblo a ver a los abuelos y era tan aburrido que nos llevábamos los deberes encantados. En los años 80 no había grupos de whatsapp de padres, así que si alguno se olvidaba los deberes, el lunes se tenía que enfrentar al maestro y mejor si su madre no se enteraba. En los años 80 casi nadie podía permitirse el divorcio, así que los niños no se dejaban los deberes "en casa de mamá". En los años 80, los niños no iban a pádel y chino, y por tanto no tenían que hacer los deberes saltando de extraescolar en extraescolar.

Desde mi punto de vista, el tema fundamental aquí es que el tiempo de nuestros hijos lo organizamos nosotros desde el momento en que salen del colegio, por tanto los deberes son una injerencia del maestro en nuestros dominios y como tal, entiendo que debe ser consensuada. En este sentido he dicho antes que no estoy de acuerdo con los abusos. Entiendo por abusos mandar deberes durante las vacaciones entre trimestres (Navidad, Semana Santa) y también mandar deberes que sean inabarcables en un tiempo razonable respecto a la edad del niño: niños que tras toda la tarde, continúan los deberes después de la cena, por ejemplo.

En el caso de la dinámica familiar, es lógico que deba adaptarse a los deberes y es responsabilidad de los padres buscar un tiempo para ellos en la agenda de sus hijos. También lo es aclarar con el maestro cualquier punto de desacuerdo que pueda surgir, y entiendo que es responsabilidad de los maestros escuchar a los padres. 


Los maestros

Aunque la mayoría de los padres cuando piensa en los maestros sólo ve largos periodos de vacaciones, ser maestro debe ser muy estresante. La ciencia pedagógica es maravillosa, pero en la realidad, existe una ley que te exige abarcar ciertos contenidos en un tiempo concreto en función de una programación de curso y de forma lo más diversificada posible para unos 22 alumnos de media. Si un día vienen al colegio los bomberos, o un cuentacuentos, o un músico, ya se ha "perdido" una hora de esa programación que hay que recuperar como se pueda. Algunos maestros reconocen abiertamente que los deberes son esa parte de las asignaturas para las que falta tiempo en clase.

Algunos maestros se enrocan con el tema de los deberes entendiendo que es una prerrogativa de su trabajo, creo que se equivocan. También hay maestros que piensan que mandar deberes es un ejercicio de su autoridad y la abundancia de los mismos correlaciona directamente con su prestigio como docentes. Incluso hay algunos que se forjan una idea de cómo es el tiempo libre de nuestros hijos y se ven en la obligación de ocuparlo. En estos casos creo que los maestros deberían hacer un ejercicio de humildad y entender que los padres del siglo XXI sabemos algo más de pedagogía que los de los 80, y nos cuestionamos, desde el respeto, algunas cosas.

El proceso de aprendizaje

¿De qué sirven los deberes? ¿Por qué son importantes? Os voy a dar una serie de razones por las que estoy a favor de una cantidad de deberes razonable, moderada y que crezca con el niño.

  • Todo proceso de aprendizaje se basa en la repetición, en la práctica. Los deberes deben ser eso: repetir lo visto en clase para interiorizarlo.
  • Los niños a partir de los cursos más avanzados tienen que empezar a estudiar y los contenidos se vuelven más densos. Es mejor que tengan asimilada una rutina de trabajo en casa desde pequeños.
  • Los deberes desarrollan la motivación intrínseca y el esfuerzo. Piensa en toda esa serie de tareas repetitivas y estúpidas pero necesarias que haces cada día. Algún día tu hijo tendrá que enfrentarse a una vida en la que no todo es divertidísimo.
  • Los deberes ayudan al niño a organizar su tiempo, fomentando su responsabilidad y autonomía.
  • Los deberes fomentan la igualdad, porque generalmente son los mismos para toda la clase.


Quienes están en contra de los deberes proponen un aprendizaje más motivador y diversificado, que a mí me parece muy bien, pero no creo que esté al alcance de todos, porque no todos los padres tenemos la posibilidad de pasar con nuestros hijos la mañana del sábado sumando zanahorias mientras cocinamos o aprendiendo historia con la visita a un museo. Creo que es responsabilidad de toda la familia apoyar al niño en la adquisición de sus nuevos conocimientos y existen mil formas de estimular el aprendizaje que no son incompatibles con los deberes. Aceptar estos deberes como una parte de su proceso de aprendizaje y acompañarlos cuando los realizan, seguramente sea la forma más inteligente de ayudar a nuestros hijos en su recorrido didáctico.