miércoles, 25 de mayo de 2016

Beneficios, falacias y verdades incómodas de la lactancia materna

Antes de ser madre, nunca me había cuestionado nuestra supervivencia como especie, me parecía lo normal. Antes de ser madre, usaba las cosas sin preguntarme quién las había inventado. Antes de ser madre pensaba que criar un hijo no debía ser muy difícil, puesto que todo el mundo lo hacía. Uno de estos días, escribiré una entrada de agradecimiento a los inventores de los pañales desechables, el aspirador nasal, los detergentes con oxígeno activo, la leche en polvo y tantas otras cosas que nos han permitido ser madres de una forma mucho más cómoda que nuestras antepasadas de las cavernas. Hoy quiero hablar de uno de los grandes secretos de nuestra supervivencia como especie: la lactancia. Si nuestras crías no necesitaran casi continuamente la presencia materna durante los primeros meses de vida, sería muy difícil que sobrevivieran: es el vínculo que el bebé crea con su cuidador (puede no ser la madre) es el que garantiza la atención necesaria para superar esta etapa de su vida.

Beneficios


  • La leche materna es la única cuya fórmula cambia cada día y se adapta a las necesidades nutritivas del bebé, incrementando los niveles de lactosa paulatinamente, a medida que madura su aparato digestivo. 
  • Disminuye la incidencia de alergias alimentarias, intolerancias y obesidad infantil.
  • Sus niveles de grasa cambian y facilitan un descanso más prolongado durante la noche.
  • A través de la leche, la madre le pasa al bebé sus defensas, incluyendo las que genera ante cualquier amenaza externa, es decir, la leche materna es un antivirus actualizado: si un hermanito tiene gastroenteritis o un resfriado, la madre genera anticuerpos contra esas amenazas externas y se los transmite al bebé.
  • La leche materna educa en la alimentación al bebé, porque le anticipa los sabores de la comida de la madre, que serán los que él mismo comerá en casa cuando crezca.
  • Es gratis. 
  • Siempre está preparado, a la temperatura adecuada y no necesita esterilizador.
  • Evita la deshidratación del bebé en épocas de calor y se puede dar "a demanda" sin riesgo de sobrealimentar al lactante. 
  • Incrementa el vínculo afectivo entre la madre y el bebé. Para el bebé, supone mantener el contacto con el cuerpo de su madre, del que aún se siente parte. Para la madre, es una forma de conocer mejor a su bebé, a través de un contacto íntimo y gratificante.
  • La lactancia materna voluntaria y bien instaurada reduce la depresión postparto.
  • La oxitocina presente en la lactancia materna favorece durante los primeros días el retorno del útero a su tamaño original.
  • Debido a los elevados niveles de grasa que presenta la leche en los primeros meses, ayuda a perder los kilos de más cogidos durante el embarazo.

Falacias

  • El tamaño del pecho influye en la cantidad de leche. Lo único que hay de verdad en esta afirmación es que las mujeres con pechos pequeños necesitarán mucha crema antiestrías para compensar el incremento de volumen que inevitablemente van a tener.
  • Dando pecho no se puede hacer deporte. No es cierto, no se suda leche, por lo que no es incompatible con ninguna actividad deportiva. Los únicos límites los pondrán tu agenda y tu estado físico. Lo importante es mantener un nivel de hidratación óptimo para que tu cuerpo genere la cantidad de leche necesaria.
  • Dando pecho se engorda porque hay que comer más. Hay que beber muchísimo más, pero la comida debe ser como durante el embarazo: equilibrada y adecuada al consumo energético de la madre.
  • La lactancia estropea el pecho. La lactancia es un proceso natural de la mama que, entre otras cosas, la protege contra ciertos cánceres. Los grandes enemigos del pecho desde el punto de vista estético son la pérdida de elasticidad de la piel causada por la edad y la fuerza de la gravedad.
  • No tengo leche. Exceptuando algunos procesos físicos y psicológicos puntuales que inciden en la producción de la leche, todas las mujeres tienen leche suficiente para dar de mamar a sus hijos. Si el niño llora, se despierta entre tomas inquieto o pone poco peso, habrá que investigar cuál es la causa. Los lactantes se comunican llorando, pero esto no quiere decir que siempre que lloran tienen hambre.
  • Mi leche no es buena, no alimenta al bebé. Cualquier mujer bien alimentada puede producir leche de calidad si bebe suficiente agua. Razona lo de "bien alimentada", porque probablemente ahí esté el fallo. En todo caso, se han constatado muchos ejemplos de mujeres con mala leche, pero eso es algo para toda la vida y no viene al caso...
  • No puedo dar el pecho y trabajar. Aquí funciona el dicho "querer es poder", y no hay una única fórmula. Yo me llevaba el sacaleches al trabajo para asegurarme la producción, pero tengo amigas que se saltaban una toma y su producción de leche no disminuía.


Verdades incómodas

  • Es algo que sólo tú puedes hacer. Intentar retomar tus actividades de antes del embarazo se complica porque en esto, nadie puede sustituirte. Aparte de recordarte que esto es sólo una etapa más, y que no has hecho más que emprender un camino de renuncias, te diré que un buen sacaleches te puede hacer "sustituible".
  • Disminuye el deseo sexual. No es sólo que durante un tiempo te duelan hasta esos músculos que no sabías que tenías, el deseo sexual disminuye porque la prolactina, que produce la secreción de la leche, provoca sequedad vaginal y porque disminuye la testosterona. Además, el aumento de oxitocina hace que nos sintamos saciadas en ese sentido.
  • Es incompatible con el consumo de alcohol y tabaco. Suena muy egoísta pero es una realidad. Para muchas mujeres es una tortura dejar de fumar durante el embarazo, y prolongar esa abstinencia durante la lactancia se les hace imposible. Es mejor la leche de vaca, que la leche de una madre fumadora, aunque también es mucho mejor para cualquier madre no fumar. Lo mismo pasa con no poder tomarse una caña o un vino.
  • ¡Ahora no, joder! Eso de la lactancia a demanda suena muy bien, pero llega un momento en el que todas nos arrepentimos, especialmente cuando el bebé ya es grande y reclama esa demanda en los momentos más inoportunos y públicos. Como en todo, la vergüenza se pierde con el tiempo...
  • La oxitocina controla la lactancia y el orgasmo femenino. Exacto, como he dicho antes, vamos bien servidas de oxitocina por lo que nos apetece menos, pero de repente ese día que hemos conseguido dormirlo a tiempo, nos vemos ya mejor figura, nuestro marido está detallista y se han alineado los planetas...la maldita oxitocina, presente en la lactancia y en las contracciones de la vagina durante el orgasmo femenino, convierten esa vuelta a la sexualidad en una experiencia "láctea".
  • Da sueño, mucho sueño. Justo cuando descubres que no tienes tiempo para nada, la lactancia te exige dormir más horas de lo habitual. Además, la prolactina se segrega durante el sueño, así que más te vale darle a tu cuerpo lo que pide.

Eso es parte de lo que yo he aprendido sobre la lactancia. Como yo no soy médico, os dejo aquí el enlace con la Asociación Española de Pediatría, que tiene un Comité de Lactancia Materna. A pesar de las incomodidades y de algunos problemas físicos de los que no he hablado, como las grietas en el pecho o la mastitis, la lactancia materna es una experiencia que merece la pena. Pocas veces en la vida se dará el caso de que sólo tú puedas hacer algo por él, como sucede aquí. Es una oportunidad única de establecer un vínculo especial con tu hijo, así que, relájate y da el pecho.

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