sábado, 7 de mayo de 2016

Las vacas son amigas, no comida

Hace tiempo que tenía ganas de escribir una entrada sobre la lactancia materna y mira por dónde, me lo ha puesto en bandeja una desconocida. Hay una integrista del feminismo en redes sociales que nos exige no consumir productos lácteos para no contribuir a la explotación (según ella) de un animal hembra, la vaca.



No he perdido el tiempo intentando profundizar en sus razonamientos, si es que sabe lo que es eso, pero me pregunto si piensa que un lactante se puede criar con leche de almendras. Esto me recuerda a la escena de terapia de grupo con tiburones que quieren dejar de ser carnívoros en la película Buscando a Nemo: "los peces son amigos, no comida"



Cleopatra "amamantando" al áspid
Tampoco me he molestado en indagar si esta defensora de la vaca a ultranzas, se manifiesta de alguna manera en contra de lo que le hacen a su cónyuge, el toro, aunque me imagino que al tener escroto, se da por sentado que merece el escarnio y la castración en plaza pública. Siempre he pensado que defender a un género a costa del desprecio al otro es degenerado, y que la guerra de sexos, como cualquier otra guerra, sólo conlleva dolor, pérdidas y una generación educada en el odio. Espero que esta señora se refugie en animales hembras, como hizo Cleopatra con su áspid, y nos deje a las demás elegir libremente, como mujeres, si queremos dar de mamar a nuestros hijos o comprar un preparado lácteo de una compañera vaca.



Una vez aclarado esto, me gustaría en esta entrada hablar de las madres que dan pecho y de las que no, y de sus diferencias. Mi opinión sobre la lactancia materna se resume en dos cuestiones:

  1. Lo mejor para un recién nacido durante los seis primeros meses de vida es la lactancia materna.
  2. Lo segundo mejor para un recién nacido durante los seis primeros meses de vida es una mamá feliz y tranquila.
Por tanto, si dar de mamar se convierte en un estresor, si consideras que no puedes por tus circunstancias, si tienes una enfermedad y necesitas medicarte de inmediato, si no has conseguido establecer el vínculo adecuado, si tienes depresión postparto y la lactancia es un obstáculo más... usa leche artificial y no te sientas culpable. Durante nueve meses se lo has dado todo, está en el mundo porque tú has querido, que no es poco. Cuídate y podrás hacer muchas más cosas por él o ella, siempre que estés bien.


Si ves cualquier vídeo sobre lactancia materna, lo normal es ver a una señora superdelgada y monísima que se sienta en un tranquilo sofá a media luz y da de mamar a un bebé, también monísimo pero gordo, con música clásica de fondo. La realidad en la planta de ginecología es bien distinta: llegas con un panzón de nueve meses del paritorio, y te duelen hasta las pestañas, tu marido tiene en los brazos una manta dentro de la cual está el bebé, aparece una enfermera, te sienta y le arranca la manta a tu marido para dártela a ti. "Póntelo al pecho, que así la leche sube antes". A coro con ella están tu madre, tu suegra, tu hermana, y en la puerta, tus cuñados y la vecina del quinto, que ha venido al hospital a ver a su abuela moribunda y ya de paso....Y los pediatras aún se preguntan por qué fracasa la lactancia materna.

Imagen idílica de la lactancia


Pues bien, aunque lo hayamos oído llorar y nos mire con esa miradita recién estrenada, aunque llegue el meconio para recordarnos que la maternidad no es sólo rosa o celeste, sino también marrón, el recién nacido no sabe que ha salido del útero, ni que es un ente independiente de su madre hasta varios meses después, por eso la necesita tanto. La lactancia materna debería iniciarse en la intimidad madre-hijo, por supuesto sin desdeñar la compañía del padre, pero sin nadie más. Dar de mamar produce oxitocinas y prolactina,hormonas que favorecen la relajación, así que relájate y disfruta, y no escuches a nadie, elegid tú y el niño cómo, cuándo y dónde.

La semana que viene seguiré escribiendo sobre lactancia materna y entraré más en casos concretos, basados en mi propia experiencia o en la de amigas o compañeras. Mientras tanto, me gustaría destacar la idea de que la lactancia materna debería verse como una oportunidad preciosa que nos da la naturaleza de establecer un vínculo único con nuestros hijos lactantes, y no una obligación impuesta por la sociedad, ni una forma de degradar a nuestro género atándonos durante meses a la cuna. La decisión sobre la misma debe ser libre y como su nombre indica, materna.


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