domingo, 27 de noviembre de 2016

Educar no es cosa de maestros

El otro día hablábamos en el parque sobre cómo y cuándo explicar ciertas cosas a los niños. Hay temas como el sexo o la muerte que son difíciles de abordar, especialmente cuando coinciden niños preguntones y padres que no se habían preparado el guión. En estos temas los niños casi nunca se conforman con la primera explicación y en la rueda de preguntas corre uno el riesgo de decir algo que les cree una idea equivocada (mi abuelito en el cielo hace la lluvia, ¿quieres hacer el amor con mi padre, que es muy divertido?). Lo que más me llamó la atención (ya me ha pasado más veces) fue que había un par de madres que dijeron yo pienso esperar a que se lo explique el maestro.

Otro día os contaré mis trucos para abordar temas peliagudos con los niños, hoy es el Día del Maestro y quiero hacer un homenaje a quienes se encargan de que el proyecto de persona que les entregamos a los tres años se convierta en un adolescente de doce que ha adquirido mucho más que conocimientos académicos. A veces nos suplen en situaciones complicadas (mamá, ¿qué es estar en paro?), otras nos echan un capote (dice la maestra que no pasa nada si no puedes venir a la actuación), y cubren nuestros olvidos (no te preocupes mamá, el maestro ha compartido su almuerzo conmigo). Cumplen tantas funciones que a veces se nos olvida cuál es su misión principal: despertar la curiosidad, porque el que no es curioso, no investiga su entorno, el que no investiga, no aprende, y el que no aprende, no evoluciona, corriendo el riesgo de quedarse en el proyecto de persona que era a los tres años.



Ningún maestro deja voluntariamente que esto ocurra. Lo que caracteriza principalmente la evolución a nivel cognitivo de un niño de primaria es el desarrollo del pensamiento abstracto, que dicho muy sucintamente es la capacidad de trabajar con símbolos, con términos mentales. Ésta se desarrolla entre los 6 y los 12 años y crece exponencialmente a partir de la lectoescritura y de la asimilación de las operaciones matemáticas básicas, aunque en los colegios se trabaja desde la etapa de infantil. Ésta es la labor principal de esas personas que pasan cinco horas de lunes a viernes con nuestros hijos

Muchos padres se quejan de ciertos contenidos. ¿Por qué es tan importante esto? ¿Qué más da que un niño no sepa qué es un sujeto, un predicado o la propiedad conmutativa? Es normal que no los entienda porque son conceptos abstractos. Efectivamente, como también son abstractos la solidaridad, la justicia, la compasión, la igualdad, el respeto....por eso necesitamos que los niños de doce años de sexto de primaria hayan desarrollado el pensamiento abstracto, por eso es tan importante el trabajo de los docentes.

Ése es el trabajo de los maestros: despertar la curiosidad de sus alumnos por las distintas materias, acompañarlos en sus experiencias de aprendizaje y evaluar su evolución a lo largo del curso.  Educar no es cosa de maestros, es una tarea colectiva que comienza en nosotros, los padres, y compromete a toda la comunidad educativa. Todo lo que atañe a un niño a nivel cognitivo, involucra a los que están a su alrededor, lo que significa que no sirve de nada que nosotros demos una educación exquisita a nuestros hijos en casa si no los estamos enseñando a convivir, a cuestionar las actitudes de los demás y a juzgar las suyas propias.

Si alguien os pide que le contéis vuestra vida, lo normal es que empecéis por el colegio, porque más allá del colegio apenas tenemos recuerdos, sólo tenemos lo que nos han contado. Es en el colegio donde empezamos, por tanto, a forjarnos como personas, y esto lo hacemos dentro de un grupo de referencia, por eso es tan importante la acción de la comunidad educativa, como un conjunto de personas que comparten valores, criterios y actitudes con un mismo objetivo: educar. Cuanto más cohesionada esté esta comunidad, mejores educandos dará.

Durante los años de educación primaria, los padres vamos a ser las principales figuras de referencia, exprimamos al máximo esos años de influencia para ofrecer a nuestros hijos el modelo de adulto que nos gustaría que fueran. Sin olvidar que somos la pieza clave de la acción educativa, me gustaría proponer algunas acciones para mejorar esa cohesión de la comunidad educativa que garantice el éxito:


  • Comparte criterios y escucha a otros. Si aprovechas esos ratos a pie de parque o de pista deportiva con otros padres para saber cómo lo hacen los demás, a veces aprenderás muchísimo y otras darás consejos útiles.
  • No le quites autoridad al maestro. Aunque no estés de acuerdo con sus decisiones o métodos. Lo mejor en estos casos es hablar entre adultos, pero aún así, si no ves posible una solución, no cuestiones sus actitudes delante de los niños, porque estás facilitando que le pierdan el respeto y eso imposibilita cualquier acción educativa.
  • No hagas partícipe a tus hijos de tus conflictos con otros padres. Los nueve años de primaria pueden ser una condena muy larga si la mamá de Ana, la mejor amiga de tu hija, es insoportable, pero debes dejar que tu hija elija a sus amigos, más allá de tus preferencias personales y sin prejuicios provocados por ellas (si tú le dices "la mamá de Ana es tonta", es probable que tu hija deje de ser tan amiga de Ana).
  • Participa activamente en la vida escolar. Existen muchas formas: ser miembro de la AMPA, del Consejo Escolar, organizar actividades extraescolares, coordinar colaboraciones de la comunidad educativa con otras organizaciones con fines benéficos (recogida de tapones, donación de material escolar), participar en alguna actividad en el aula (cuentacuentos, día de la paz, hablar de tu profesión), etc.
  • Anima a tu hijo a identificarse con los proyectos de su centro escolar. No todo lo que organiza el colegio nos debe encantar, ni a ellos, porque eso significaría que unos y otros no tenemos criterios, pero es importante que destaquemos siempre los aspectos positivos y los animemos a participar en los distintos eventos que organiza el colegio: festival de final de curso, día del libro, excursiones...
  • Escucha al maestro, sabe muchísimo de tu hijo. Los niños se comportan de forma muy distinta en el colegio. Escuchar a veces se convierte en un ejercicio de humildad muy duro, porque no nos gusta lo que oímos, pero la información que nos da el maestro es crucial para nuestro trabajo en casa como educadores.
  • Interésate por el quehacer diario de tu hijo en la escuela. No se trata de hacerles un tercer grado al salir de clase, sino de estimular la conversación y que ellos nos cuenten espontáneamente.
  • Cuece y enriquece. Algunas veces acompañar a tu hijo en su proceso de aprendizaje te llevará a recordar cosas que habías aprendido de memoria (cocer) y olvidado. Enriquece estos conocimientos con aportaciones tuyas, bien porque sepas algo más del tema, o animando a tu hijo a buscar información adicional en internet, libros.... 
  • Enseña a tu hijo a defender su criterio con respeto dentro del grupo. No sirve de nada que tú inculques a tu hijo valores y actitudes estupendos si él no es capaz de defenderlos de puertas para afuera. Ayúdale a expresar sus ideas de forma respetuosa y a tener la valentía de no seguir al grupo si no está de acuerdo.
Un padre me dijo una vez que los maestros son el colectivo profesional que menos hijos tiene. No tengo datos estadísticos para afirmarlo, pero entiendo por el contexto en el que me lo dijo que para los maestros tener hijos sería algo así como llevarse trabajo a casa. Los niños son fantásticos en los buenos momentos: cuando estamos de buen humor, sin presiones ni prisas ni una programación anual, cuando hemos dormido suficiente y ellos también. El curso escolar tiene unos 175 días lectivos llenos de buenos y malos momentos, de sueño, de prisas, de suspensión de pagas extras, de problemas personales y dificultades de aprendizaje durante los cuales la mayoría de los niños adquiere los contenidos didácticos y va contento al colegio.

Hoy es el Día del Maestro y quiero darles las gracias a los buenos maestros que he conocido, que son muchos. Quiero infundirles ánimos en su quehacer diario, uno de los más importantes de la sociedad, si no el que más, y desde aquí decirles que no están solos, porque educar no es (sólo) cosa de maestros.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los deberes en la hoguera

Ahora que están de moda los 80 intento recordar cómo era mi infancia respecto al controvertido tema de este fin de semana: los deberes. Tengo muchísimos recuerdos: no hacerlos porque me parecían aburridos, hacerlos rápido para irme a jugar a la calle, ayudar a mis hermanos pequeños a hacerlos, intentar en vano que mi madre me hiciera los de plástica que se me daban fatal, hacerlos en el salón, en la habitación de mis padres, en mi cama.... Los niños de los 80 no rechistábamos a los maestros, ni nos cuestionábamos su autoridad, ni mucho menos lo hacían nuestros padres: hacíamos los deberes a regañadientes o nos los saltábamos y nos ateníamos a las consecuencias, porque los maestros de los 80 castigaban, y duro...No recuerdo a ningún niño decir "me encantan los deberes", y si lo hubiera dicho, los demás, los niños normales, lo hubiéramos odiado.

Este fin de semana comienza la huelga de deberes convocada por la CEAPA y a muchos padres les viene muy bien, porque se reutilizan las hogueras de Halloween para hacer una nueva quema de brujas: les toca a los maestros. Parece ser que en Francia esta misma huelga dio unos resultados espectaculares y se solucionó el problema regulándolo, pero cuando pienso que nuestro Congreso lleva casi un año sin hacer sus propios deberes, me da risa pensar que tienen que regular los de nuestros hijos.

Estoy a favor de los deberes y en contra del abuso de poder, venga de donde venga, pero creo que el planteamiento que se ha hecho es el de la guerra entre maestros y familias, cosa que considero un grave error. En el tema de los deberes hay tres factores involucrados:

Las familias

El problema fundamental de las familias con los deberes es que cuando son excesivos, resultan incompatibles con el ph familiar, es decir, con las múltiples circunstancias que atañen a las familias del siglo XXI y que en los años 80 nuestros padres no se planteaban. Los más listos (no era mi caso) hacían los deberes el viernes en la sobremesa, antes de que empezara a las 17 Barrio Sésamo. Hoy hay una amplia oferta televisiva tentadora que hipnotiza a los niños tanto tiempo como sus padres quieran permitir.

En los años 80 no nos íbamos de weekend, como mucho, nos llevaban al pueblo a ver a los abuelos y era tan aburrido que nos llevábamos los deberes encantados. En los años 80 no había grupos de whatsapp de padres, así que si alguno se olvidaba los deberes, el lunes se tenía que enfrentar al maestro y mejor si su madre no se enteraba. En los años 80 casi nadie podía permitirse el divorcio, así que los niños no se dejaban los deberes "en casa de mamá". En los años 80, los niños no iban a pádel y chino, y por tanto no tenían que hacer los deberes saltando de extraescolar en extraescolar.

Desde mi punto de vista, el tema fundamental aquí es que el tiempo de nuestros hijos lo organizamos nosotros desde el momento en que salen del colegio, por tanto los deberes son una injerencia del maestro en nuestros dominios y como tal, entiendo que debe ser consensuada. En este sentido he dicho antes que no estoy de acuerdo con los abusos. Entiendo por abusos mandar deberes durante las vacaciones entre trimestres (Navidad, Semana Santa) y también mandar deberes que sean inabarcables en un tiempo razonable respecto a la edad del niño: niños que tras toda la tarde, continúan los deberes después de la cena, por ejemplo.

En el caso de la dinámica familiar, es lógico que deba adaptarse a los deberes y es responsabilidad de los padres buscar un tiempo para ellos en la agenda de sus hijos. También lo es aclarar con el maestro cualquier punto de desacuerdo que pueda surgir, y entiendo que es responsabilidad de los maestros escuchar a los padres. 


Los maestros

Aunque la mayoría de los padres cuando piensa en los maestros sólo ve largos periodos de vacaciones, ser maestro debe ser muy estresante. La ciencia pedagógica es maravillosa, pero en la realidad, existe una ley que te exige abarcar ciertos contenidos en un tiempo concreto en función de una programación de curso y de forma lo más diversificada posible para unos 22 alumnos de media. Si un día vienen al colegio los bomberos, o un cuentacuentos, o un músico, ya se ha "perdido" una hora de esa programación que hay que recuperar como se pueda. Algunos maestros reconocen abiertamente que los deberes son esa parte de las asignaturas para las que falta tiempo en clase.

Algunos maestros se enrocan con el tema de los deberes entendiendo que es una prerrogativa de su trabajo, creo que se equivocan. También hay maestros que piensan que mandar deberes es un ejercicio de su autoridad y la abundancia de los mismos correlaciona directamente con su prestigio como docentes. Incluso hay algunos que se forjan una idea de cómo es el tiempo libre de nuestros hijos y se ven en la obligación de ocuparlo. En estos casos creo que los maestros deberían hacer un ejercicio de humildad y entender que los padres del siglo XXI sabemos algo más de pedagogía que los de los 80, y nos cuestionamos, desde el respeto, algunas cosas.

El proceso de aprendizaje

¿De qué sirven los deberes? ¿Por qué son importantes? Os voy a dar una serie de razones por las que estoy a favor de una cantidad de deberes razonable, moderada y que crezca con el niño.

  • Todo proceso de aprendizaje se basa en la repetición, en la práctica. Los deberes deben ser eso: repetir lo visto en clase para interiorizarlo.
  • Los niños a partir de los cursos más avanzados tienen que empezar a estudiar y los contenidos se vuelven más densos. Es mejor que tengan asimilada una rutina de trabajo en casa desde pequeños.
  • Los deberes desarrollan la motivación intrínseca y el esfuerzo. Piensa en toda esa serie de tareas repetitivas y estúpidas pero necesarias que haces cada día. Algún día tu hijo tendrá que enfrentarse a una vida en la que no todo es divertidísimo.
  • Los deberes ayudan al niño a organizar su tiempo, fomentando su responsabilidad y autonomía.
  • Los deberes fomentan la igualdad, porque generalmente son los mismos para toda la clase.


Quienes están en contra de los deberes proponen un aprendizaje más motivador y diversificado, que a mí me parece muy bien, pero no creo que esté al alcance de todos, porque no todos los padres tenemos la posibilidad de pasar con nuestros hijos la mañana del sábado sumando zanahorias mientras cocinamos o aprendiendo historia con la visita a un museo. Creo que es responsabilidad de toda la familia apoyar al niño en la adquisición de sus nuevos conocimientos y existen mil formas de estimular el aprendizaje que no son incompatibles con los deberes. Aceptar estos deberes como una parte de su proceso de aprendizaje y acompañarlos cuando los realizan, seguramente sea la forma más inteligente de ayudar a nuestros hijos en su recorrido didáctico.

martes, 11 de octubre de 2016

Que el percentil te acompañe

Hay un término estadístico que manejan todas las madres del mundo y que a algunas les causa auténtico pavor: el percentil. Nuestras abuelas, que sin necesitar a la estadística sacaron adelante a sus hijos (a casi todos) en tiempos de guerra, desde su sabiduría, miraban a los niños en la fila del colegio y comentaban: el de la Mari está más alto que el mío, y eso que son de la misma quinta. Después de eso, nuestras abuelas intentaban cargar más el bocadillo del más bajito, si se podía, y cuando lo acostaban, le daban un vaso extra de leche, si se podía. Nuestras abuelas se iban a dormir y soñaban con Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo, y ningún término matemático les estropeaba la noche.
Nuestras abuelas sí que eran listas

Cuando pienso estas cosas creo que la raza humana está en franca recesión genética y que nuestras abuelas eran mucho más inteligentes que nosotras, pero de eso ya hablaré otro día con su correspondiente homenaje. Hoy quiero hablar del maldito percentil, ése que hace que nuestros hijos sean tan bajitos o más que el 25% de la población de su edad, o tan gordos o menos que el 83%. Visto así no parece nada que nos pueda arrebatar el sueño, pero si la información sobre percentil que nos facilitan en las revisiones periódicas se convierte en trending topic de nuestras conversaciones a pie de parque, en la puerta del colegio, en el café de mamás de los martes, en el grupo de whastApp de la guardería, etc...estamos rozando los límites de la psicopatología, o lo que es lo mismo, el 90% de los que piensan como nosotras padece un trastorno obsesivo compulsivo.

¿Por qué es importante el percentil? Porque es una forma de controlar la evolución física de nuestros hijos. Es el equivalente médico a probarles los pantalones del verano pasado, y en principio no deberíamos darle más importancia. ¿Por qué, entonces, hay madres, pediatras y enfermeros tan obsesionados con este concepto matemático? En el caso de los profesionales, porque es un referente del estado de salud del niño, especialmente en los dos aspectos que hacen que un niño crezca al ritmo adecuado: el sueño y la alimentación. Como estos dos dependen casi exclusivamente del cuidador principal del niño, habitualmente la madre, los profesionales de la pediatría han establecido el percentil como elemento indicador del bienestar del niño de cara a la información que se da a la familia.


Mi primera hija nació con un retraso en el desarrollo, durante el último mes de embarazo no se había alimentado bien y por tanto no había cogido peso. Cuando nos dieron el alta en el hospital, mi hija pesaba dos kilos y yo llevaba cinco días escuchando a todas las recién paridas de la planta recitar los pesos de sus hermosos retoños. Por suerte me encontré con un maravilloso neonatólogo que me quitó todos los complejos con una frase de fontanero que nunca olvidaré. Al comentarle yo que mi hija apenas pesaba lo que un feto de ocho meses, él me contestó: no me preocupa el peso, cuando un recién nacido necesita peso, le meto agua. Con esta frase tan campechana, yo me fui tranquilamente a mi casa, con mi bebé en brazos,porque pesaba tan poco que era como tener un cojín grande...Lo importante no era que el cojín pesase más o menos, sino que su organismo tuviera la capacidad de hacer funcionar a sus recién estrenados órganos, y que cada dos horas pidiese repostar, pasando del percentil 3 al 25 en unas pocas semanas.



Volviendo al tema principal, más allá de mi experiencia personal, diré que hay tres motivos básicos por los que preocuparse si un niño tiene el percentil por debajo o por encima de lo esperado, y dos de ellos los podemos solucionar sus cuidadores: un proceso patológico (esto deberá diagnosticarlo el pediatra a partir de la sospecha que le provoque el índice percentil), hábitos de sueño incorrectos o una alimentación inadecuada. En este punto de la historia es cuando se transforman los personajes, y la madre que ha acudido a la consulta del pediatra se convierte en jugadora de la lotería:

-Qué le voy a hacer, si me ha "tocado" un niño que come mal....

Y la pediatra se transforma en ogresa con síndrome premenstrual:

-Si esto sigue así, lo voy a tener que ingresar por malnutrición, teniendo en cuenta que usted ha rehusado acudir a los talleres de padres primerizos....

Resultado: madres llorosas, madres preocupadas en exceso, abuelas enfadadas porque se desoyen sus consejos, madres que se enfrentan a pediatras como si fueran el enemigo... y un largo etcétera presenciado por niños insomnes o mal alimentados.

¿Por qué un niño que duerme mal crece menos? Porque la hormona del crecimiento, la somatotropina, se segrega durante el sueño principalmente, y además, durante el sueño profundo, cosa que no tiene el niño que cada dos horas pide teta, pipí, su osito o la mano de mamá con la que se quedó dormido...
Generando somatotropina
¿Por qué un niño mal alimentado crece menos? La respuesta es obvia, porque su organismo no consigue la dosis diaria y equilibrada de nutrientes, vitaminas y proteínas que necesita para evolucionar. En el caso de la alimentación no sólo es problemático el defecto, sino también el exceso, que lleva en primer lugar al sobrepeso y en su extremo a la peligrosísima obesidad infantil. Normalmente los niños no eligen sus alimentos, por lo que la palabra más eficaz contra la obesidad infantil es "no".
La palabra más eficaz contra la obesidad infantil es "no"

Otro día compartiré con vosotros mis experiencias con niños que comen mal y duermen mal. Hoy quiero usar el término percentil para pedir que confiemos en los profesionales de la medicina y no sintamos sus advertencias como reproches o críticas a nuestra labor como padres. Escucha al pediatra y cuando vuelvas a casa, en la intimidad de tu salón, reconoce tus errores y busca ayuda. A mí me costó siete meses admitir que mi primera hija dormía mal, y cuando lo hice, mis ojeras daban la vuelta a la esquina de la calle. La ayuda puede venir de profesionales de la salud, de libros o de madres con más experiencia. Únicamente desconfía de quienes lleven la contraria al pediatra, porque son personas que tampoco reconocen el problema. Usa la información para mejorar tu estilo de crianza y verás como, no sólo se regulariza el índice percentil que causó la alerta, sino que después de un tiempo serás tú la que aconseje a otras madres.

jueves, 23 de junio de 2016

Manual para padres con poco tiempo

La maternidad transforma nuestra percepción del tiempo. Es un fenómeno físico aún no estudiado, pero real. Normalmente cuando tenemos nuestro primer hijo el tiempo empieza a correr de forma diferente. De repente, los días pasan lentamente y el nuevo habitante de la casa sigue siendo super pequeño y pasa el día dormido, que no la noche. Y a pesar de que duerme tanto, sentimos que no nos queda tiempo para nada. Desgraciadamente es algo que hay que sufrir individualmente, no sirve la experiencia ajena. Lo único que siempre digo a los padres que están pasando por ello es si crees que no tienes tiempo, ten un segundo hijo y descubrirás de cuánto tiempo libre disponías, y no te digo ya con un tercero o un cuarto.

Otro tópico que se repite generación tras generación es la culpabilidad por no tener tiempo para atender a nuestros hijos. Sentirnos culpables no tiene sentido, seguramente si has tenido esta sensación es porque te estás exigiendo mucho, y eso significa que quieres hacerlo lo mejor posible, pero no te convierte en mejor padre. Hoy quiero hablar de cómo el tiempo con los hijos también es relativo, y cómo lo que cuenta es la calidad, no la cantidad. Sólo hay que pensar en el tiempo que nuestros padres pasaban con nosotros, generalmente menos que el que nosotros les dedicamos a nuestros hijos, y no por eso los hemos juzgado como peores padres.

Los tiempos han cambiado y, aunque seguimos pasando muchas horas en el trabajo y a veces en jornadas laborales innecesariamente prolongadas, los padres de ahora nos preocupamos más por la educación, nos autoevaluamos más y creemos que nuestros hijos necesitan todo nuestro tiempo. Mi experiencia como madre observadora es que la mayoría de los padres se preocupan en exceso por todo lo relativo al niño desde que nace hasta la educación infantil aproximadamente, y luego se relajan, porque creen que el niño ya no los necesita tanto, o porque ha llegado un hermanito que los necesita más. Esto es un error, porque el niño asocia el desarrollo de la autonomía con el abandono, y por tanto, no quiere crecer, o se convierte en un tirano porque los tres primeros años de su vida nos ha tenido pendientes de él 25 horas al día.

Voy a compartir con vosotros algunos trucos para optimizar al máximo el tiempo con los hijos y no sentirse culpable. Los he ido desarrollando yo o copiando de otros padres en mis trece años de experiencia como madre aprendiz:

  • En primer lugar dedica cada día un momento exclusivo con cada uno de tus hijos. Puede ser una conversación, lectura, un rato de televisión de un programa que os guste a los dos, bailar una canción, un abrazo, un masaje en los pies...Se trata de que en ese momento él o ella sienta que es único para ti, que haya complicidad.
  • Recuerda que cada etapa del desarrollo tiene unas necesidades diferentes y sé flexible. Unas veces tendrá que esperar el adolescente y otras veces el bebé. Mantén unas rutinas básicas pero sin que los horarios te esclavicen: hay quien despierta al bebé para bañarlo porque es su hora, o deja con la palabra en la boca a su vecino porque tiene que hacer la cena al niño.
  • Usa la lógica de las prioridades y no te exijas el rendimiento que tenías antes de ser madre o padre: la casa no volverá a estar igual de ordenada, ni tendrás el mismo tiempo para tu vida social, o para tus aficiones, pero...¿qué es más importante?
  • Haz que sea especial el poco tiempo que pasas con tu hijo. Si sólo ves a tu hijo un rato al día, conviértelo en un juego si es pequeño, interésate por sus cosas si es mayor, cuéntales cómo te ha ido el día de una forma divertida.
  • Deja el móvil en segundo plano. Si cuando tu jefe te habla no miras el móvil, otórgale a tu hijo el mismo privilegio, hazle sentir importante.


  • Organiza rutinas juntos. El cuento, la nana, preparar la ropa del día siguiente, hacer el desayuno, ir al supermercado, el baño, doblar calcetines... No necesariamente tienen que ser cosas infantiles, sino rutinas que siempre hacéis juntos. Durante bastantes años vais a ser las personas más importantes de su vida, cualquier cosa que haga con vosotros va a ser especial para él.
  • Si puedes convertir estas rutinas en un juego, mejor. No es fácil, porque vivimos estresados y dominados por una percepción del tiempo errónea: para hacer las cosas bien, hay que hacerlas lo más rápido posible. Piensa cuántas veces le pides a tu hijo que se dé prisa en esto o lo otro, y si realmente era tan crucial darse prisa en ese momento. Los niños llegan a la consulta del psicólogo estresadísimos por tener que ir corriendo a todas partes.
  • Rellena los silencios. Piensa en esos momentos en que estás con tu hijo en silencio, sin decir nada, porque vas de un sitio a otro con él, por ejemplo. Úsalos, bien para hablar, o para enseñarle algo. Por ejemplo, mis hijos han aprendido a contar subiendo las escaleras de mi casa, era algo que había que hacer, de todas formas. Un día se me ocurrió decir el número de cada escalón, y cuando se lo aprendieron en español, empecé en inglés. Luego llegó la primera reunión de Educación Infantil, y la maestra nos explicó que ese año iban a aprender los números del 1 al 3...
  • Intégralo en tu vida. Cuéntale cosas sobre ti, haz que te conozca dentro de sus posibilidades, comparte anécdotas adaptándolas a su edad. Eso hará que te sienta cercano aunque pertenezcas a ese mundo de seres extraños: los adultos.
En resumen, no es tan importante disponer de mucho tiempo, sino tener la energía y la serenidad suficientes para discriminar lo importante de lo que no lo es y disfrutarlo. Para los hijos, el mejor regalo que sus padres les pueden hacer es atención, pero cuidado, dosifícala, porque si no, los convertirás en tiranos insaciables. Por mucho que hagas con y por ellos, siempre va a haber un día en el que mientras salgas de la habitación, uno de ellos te diga "nunca pasas tiempo conmigo". Hay que estar preparado para ese tipo de chantaje y no hundirse en la miseria.

A veces las circunstancias hacen que pases menos tiempo con tus hijos del que tenías pensado cuando los trajiste al mundo: cambio de trabajo, mudanza, divorcio, enfermedad grave tuya o de un familiar, pluriempleo, oposiciones. Si tu caso es uno de éstos, piensa que son circunstancias devenidas y que estás haciendo todo lo posible por minimizar sus efectos. Obviamente nadie trae un hijo al mundo para que tenga cáncer, crezca en custodia compartida o vea a su padre sólo por Skype porque trabaja en otro país. El único seguro para que no te ocurra nada de esto es no tener hijos. Ya que te has decidido por lo contrario, disfruta ese precioso tiempo que pasas con ellos dejando a un lado las culpabilidades y guarda algo de energía, si puedes, para cuando seas abuelo.


jueves, 16 de junio de 2016

La vida es un collage

Ayer mi hija pequeña y yo pasamos la tarde con Violeta Monreal en la Feria del libro de Valladolid. Dicho así ya suena genial, una tarde fantástica, pero además de disfrutar de su compañía, disfrutamos de un taller de emociones impartido por ella durante el cual la vimos realizar en directo una de sus creaciones.

Hace mucho tiempo que seguimos con fruición los pasos de colores de esta asturiana. A mis hijos les gustan sus dibujos porque son originales, divertidos, sorprendentes, llamativos y hacen volar su imaginación. A mí me gustan porque les gustan a mis hijos. Aunque esto puede parecer una obviedad, admiro mucho a quienes escriben o dibujan para niños y son capaces de hacerlo poniéndose en la piel de un niño. Violeta es una de los pocos que lo consiguen, probablemente porque una parte de ella, nunca ha dejado de ser niña.

Durante el taller de ayer, Violeta nos enseñó a trabajar con las emociones. Aprendimos que parte de las emociones que transmite un dibujo las siente el ilustrador durante el proceso creativo. También aprendimos a escuchar a nuestro instinto creador, y a escuchar a los demás, porque algunas veces la chispa del ingenio salta de una mente a otra. Aprendimos que es mejor que la inspiración te encuentre trabajando, y aprendimos tolerancia a la frustración, porque si sale mal, no pasa nada, y perseverancia, porque las cosas se pueden repetir hasta lograr el resultado deseado, y autocrítica, porque hay que saber reconocer los errores propios para corregirlos. Aprendimos tantas cosas con Violeta, que en un solo cuento no se pueden contar.

Y como el genio creador nunca está quieto, mientras hablaba con los niños sobre emociones, intuiciones, visiones y técnicas de dibujo, Violeta realizó para los allí presentes dos composiciones improvisadas interactuando con los pequeños que parecían no querer despegarse de sus faldas. Niños y mayores contemplábamos embobados cómo los pedazos de papel pasaban por sus manos y se convertían en objetos o en partes de un todo que más tarde cobraría sentido. 

A manejar las emociones se aprende durante toda la vida, y a veces toda una vida no es suficiente para aprender. En el caso de los niños, la gran diferencia respecto a los adultos es la fugacidad e intensidad de sus emociones: en un corto espacio de tiempo, un niño puede sentir emociones opuestas con enorme intensidad (estar feliz, enfadado, asustado) y además las inserta en su interpretación cognitiva del mundo exterior, es decir, el niño (a veces también el adulto), tiene una percepción emocional de su entorno en la que, como ocurre en los dibujos de Violeta, a veces se mezclan lo real y lo imaginario.

En este sentido, una de las últimas creaciones como ilustradora de Violeta Monreal ha sido la colección Sentimientos y valores, en la que a lo largo de 27 historias podemos encontrar cómo sus protagonistas lidian con otros tantos sentimientos y sus respectivos opuestos. Leer con los hijos no es sólo una forma más de educarlos, sino también de conocerlos. Una técnica que suelo emplear cuando "leo" un cuento a un niño que no sabe leer, es pactar con él que yo leo las letras y él los dibujos. Ahí surge su personalidad en desarrollo, con sus emociones, sentimientos, pensamientos, ensoñaciones...algunos positivos, otros menos amables pero con los que hay que convivir y trabajar, porque, al fin y al cabo, la vida es un collage.

Tenemos en casa varias aventuras ilustradas por Violeta Monreal, os recomiendo Musicando con... (libros biográficos sobre músicos famosos con un cd de los fragmentos más significativos), la colección Oro parece (libros de adivinanzas) escrita por Antonio Gómez Yebra, otro genio de la literatura infantil que además es mi tío Antonio, el libro 16 Mujeres (que cuenta 16 biografías femeninas que mejoraron el mundo) y por último, la colección Los Grandes Clásicos, de la cual ayer nos compramos Caperucita Roja, porque es el cuento favorito de mis hijos y mío, y además, porque era irresistible. Gracias Violeta, por dibujar con emoción y por emocionarnos siempre.

Cuatro caperucitos y yo estrenando cuento


lunes, 13 de junio de 2016

Escuchar es crecer

Ayer fui con los dos más pequeños de mi casa de concierto. Tuvimos el privilegio de ver tocar para nosotros a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, acompañados nada menos que por Paulo Lameiro y su equipo de músicos y bailarines. Disfrutamos de un repertorio de música clásica escogido especialmente para bebés, acompañado en su mayor parte por una bailarina que interactuaba con el público, imitamos secuencias rítmicas, conocimos instrumentos exóticos y hasta hicimos nuestro propio acompañamiento de percusión con un material al alcance de cualquier bebé que quiera ser músico.

Un bebé criado en silencio sólo aumenta de tamaño, mejora el percentil (ése que tanto preocupa a algunos pediatras y madres primerizas), pero no crece. Un bebé sólo necesita cuatro cosas para crecer: alimento, sueño, cuidados higiénicos y afecto, incluyendo este último la estimulación necesaria para que su cerebro haga eso que está deseando: desarrollarse. Parte de esa estimulación compete al oído, por eso es tan importante la música para los bebés, porque la música no tiene un área cerebral exclusiva que la perciba, la percepción musical compromete a casi la totalidad del cerebro, incluyendo partes de los dos hemisferios. Esto quiere decir que un cerebro en desarrollo estimulado musicalmente va a crear nuevas conexiones neuronales de una manera exponencial, o sea, que esa música, que es percibida por el bebé como algo emocional (le provoca reacciones emocionales), va a mejorar los aspectos cognitivos de su desarrollo, puesto que en esta etapa las áreas afectivas y cognitivas del cerebro en crecimiento están indisolublemente unidas.



Sabemos poco de la memoria de los bebés. Los neurocientíficos aseguran que todas nuestras experiencias quedan registradas, pero que no podemos o no sabemos acceder a una parte de ellas, las más tempranas. También sabemos que nuestros recuerdos sonoros suelen asociarse a experiencias emocionales ("esta canción me recuerda a..."), por lo que los bebés que presenciaron el concierto de ayer, tendrán en su recuerdo una amalgama de experiencias afectivas (fui con mi madre/padre...), emocionales (me sobresalté con la percusión, me reí con el instrumento que sonaba como una rana, sonreí al músico disfrazado), psicomotrices (bailé como la bailarina), cognitivas (intenté imitar el ritmo, aprendí el nombre de los instrumentos). Estos recuerdos los acompañarán toda su vida y mediarán futuras experiencias, aunque ellos no lo sepan.

El gran Lameiro
Quienes sí saben de esto son Lameiro y los músicos que lo acompañaban ayer, todos ellos especialistas en conciertos para bebés. Ellos estructuraban el concierto con sus breves intervenciones entre las distintas piezas que tocó la OSCyL, convirtiendo el espectáculo en algo vivo y cambiante, que requiere incluso cambios posturales, para sostener la débil atención de los espectadores, que pudieron ver los instrumentos de la sinfónica muy de cerca, se sintieron partícipes "tocando" con ellos una de las piezas y descubrieron cómo un instrumento puede imitar sonidos de la naturaleza y cómo nuestra garganta puede hacer música sin emitir palabras, remitiéndonos a la fase en la que el bebé emite sonidos guturales porque está descubriendo su voz. Y como todo está pensado para bebés, el concierto es dinámico y hasta los músicos de la orquesta cambian de ubicación, y Lameiro y su equipo van vestidos de forma llamativa, convirtiéndo el concierto en una experiencia sinestésica, dirigida a los distintos sentidos.

¿Cómo se comporta un bebé en un concierto? Depende de dos factores: su estado ese día (si ha sido un buen día para él, está descansado, tranquilo, contento) y de la actitud de su acompañante (si ha sido un buen día para él, está descansado, tranquilo, contento). Si el adulto va a disfrutar del concierto, probablemente el bebé también lo haga, aunque lo manifestará de una forma distinta. Algunos siguen el ritmo con su cuerpo, otros imitan a los músicos, otros cantan y bailan, los hay que intentan establecer relaciones sociales y otros sólo escuchan y miran. Ninguna de estas actitudes es más correcta que otra, porque todos están escuchando y creciendo.




Aparte de la programación del Centro Cultural Miguel Delibes que siempre hace un ciclo En familia dedicado a los más pequeños, si vives en Valladolid y quieres estimular musicalmente a tu bebé, puedes acudir a los talleres musicales para la primera infancia que organiza La Cajita De Música en la escuela de danza y arte Bailarte. En cualquier caso, cántale a tu bebé, tararéale, sílbale, convierte su cuerpo en un instrumento de percusión y descubrirás que escuchar es crecer.

domingo, 5 de junio de 2016

El Big Ben del Pisuerga

Hay un pueblo en la Campiña del Pisuerga que un día al año lleva la inmersión lingüística hasta su propia Plaza Mayor, dejando de ser por un día un vinícola pueblo castellano para transformarse en una English village, todo ello gracias a la iniciativa y el trabajo de Lola Guerrero, directora de la Academia de enseñanza Guerrero, en Cigales, donde se aprenden idiomas de 0 a 99 años, aunque he oído que van a aumentar la edad de admisión.


Y es que hoy todo el pueblo ha participado en este role playing colectivo que se repite generalmente el primer sábado de junio desde hace ya tres años. El objetivo: hablar en inglés y acercar esta lengua a los más pequeños con talleres participativos en los que se escenifican retazos de la vida cotidiana de cualquier pueblo. Los niños hacen de médicos, de cocineros, de granjeros, dependientes de supermercado, modelos, bomberos o policías tutelados por adultos que interactúan con ellos continuamente en inglés, una idea fantástica.


Talleres infantiles

Firemen
Pero no todo se queda en los talleres, también hay animación en inglés, como el taller de baile con Sarah Fox o el de iniciación al mundo del DJ con Darkrow y por la tarde ha habido teatro de calle a cargo de AbcDani. Todo pensado para crear un espacio lúdico en un ambiente familiar en el que los niños se familiaricen con el inglés. En el centro de la plaza se ha construido una típica cabina telefónica londinense que hace un simpático contraste con la iglesia renacentista monumental. Sabemos que es la Catedral del Vino, pero para nosotros hoy ha sido el Big Ben del Pisuerga. Muchas familias han usado este punto para hacerse su foto de recuerdo con unos gorros de graduación con la bandera inglesa que habían dejado allí los organizadores a modo photocall. 




Photocall junto al Big Ben
Conocer un idioma va más allá de poder viajar por el mundo con cierta soltura. Saber idiomas mejora el conocimiento de otras materias, como las matemáticas, porque el lenguaje matemático es también otra lengua, mejora la adquisición del procesamiento abstracto y en los más pequeños mejora la capacidad del aparato fonador al aprender los sonidos de la segunda lengua casi al mismo tiempo que los de la lengua materna. Conocer otra cultura nos hace más tolerantes y a la vez aumenta nuestra capacidad crítica. La educación intercultural, en la diversidad, es la única capaz de romper las fronteras de la xenofobia y los prejuicios.

Quiero agradecer desde aquí a Lola Guerrero su trabajo, no sólo en este día, sino todo el año, su tesón en el empeño de enseñar a nuestros hijos otro idioma, otra cultura y una nueva forma de vida: la del bilingüismo. La celebración de Cigales Village ha sido sólo una de las apuestas de su Academia por la difusión de los idiomas, tras todo un año de actividades gratuitas y bilingües de lo más diverso y para todas las edades: fiesta de Halloween, visitas guiadas, excursiones...Gracias también a todos los que han participado de forma altruista en convertir el aprendizaje en un juego de niños. Ojalá surjan más villages en la Campiña del Pisuerga.