sábado, 26 de marzo de 2016

Pequeños caínes I

Desde mi segunda hija tuve clara una cosa: el primer deber de los hermanos pequeños es sobrevivir a los mayores. Suena muy trágico, pero es una realidad. Cuando salen del hospital con su primer hijo, con todos los sinsabores que eso conlleva, la mayoría de las mamás aseguran que será una experiencia única, y mantienen ese pensamiento durante, como mínimo, seis meses. ¿Qué ocurre después? Pues que nuestra conciencia empieza a plantearnos cuestiones (y si no, ya se encargan de hacerlo las abuelas, tías, hermanas, vecinas, etc.): se va a quedar solito, qué triste no tener hermanos, se va a aburrir, va a ser un niño mimado, donde comen uno comen dos....y volvemos al ácido fólico.

Premisa fundamental: no hay que tomar decisiones tan importantes como la de tener o no un hijo basándose en estereotipos idealizados o por la presión de los demás, aunque yo misma lo he hecho. Yo tengo idealizada la fraternidad porque con mis hermanos siempre he tenido muy buena relación, pero eso no siempre ocurre, y es lo que suelo decir a las mujeres cuando se quejan de no poder planificar su maternidad, porque el siguiente embarazo no llega, o cuando por circunstancias diversas no es posible tener otro hijo. Otro día me gustaría escribir sobre las diferencias entre hijos únicos e hijos con hermanos, pero hoy voy a centrarme entre las relaciones difíciles entre hermanos.




Celos entre hermanos

Cuando llega un nuevo miembro a la familia, la obsesión de los padres es que los demás hermanos no tengan celos, no se sientan desplazados, en definitiva, no sufran. Por mi experiencia debo decir que es una lucha absurda, aunque muy loable, todo el mundo quiere quitarle el sufrimiento a sus hijos. Como ejemplo pensad en una situación parecida en vuestros trabajos: llega un trabajador nuevo, normalmente más joven y recibe mucha atención porque tiene que aprenderlo todo, y nuestro jefe, para que no lo pasemos mal, nos da dos días libres y nos sube el sueldo.

Efectivamente, la familia es como la vida real y esas cosas, no pasan. Tengo tres hijos y todos han tenido y tienen celos unos de otros en distintas etapas de su desarrollo. Al principio yo me desvivía por atenderlos más cuando veía que estaban pasándolo mal, y acababa desatendiendo al otro, o sintiéndome culpable por la situación. Con el tiempo, he aprendido a aceptar que es bueno para ellos, los hace madurar y los entrena para la vida, en la que a veces hay que esperar a ser atendido.

Aún así, algunas estrategias para paliar los celos:

  • La integración: hacerlo todo juntos.
  • La disgregación: hacer cosas especiales sólo con uno o tú con mamá y tú con papá.
  • La justificación: mamá pasa más tiempo contigo porque está de baja maternal.
  • La predicción: si haces eso, el hermano se pondrá malito y mamá tendrá que irse con él al hospital.
  • El cuento: érase una vez dos hermanos que se lo pasaban muy bien....
  • La consecuencia: si quieres volver a usar pañal y chupe en casa, tendrás que llevarlos también al colegio.
  • La parodia: entonces el hermano monstruo se comió el brazo del hermano pequeño.


Hermanos que se odian

Es muy conocida la expresión de que uno elige a los amigos pero no a la familia. Es cierto, hay veces en las que, por cuestión de caracteres, la amistad entre hermanos es, digamos, improbable. Esto es muy difícil de aceptar para los padres por los estereotipos a los que he aludido antes: los hermanos tienen que llevarse bien. Lo primero que debemos hacer en estos casos es aceptar la realidad e intentar no tomar parte por ninguno de los dos. Normalmente estas relaciones entre hermanos surgen en la adolescencia, porque es cuando se forja la personalidad del hasta entonces niño, pero muchos hermanos han ido alimentando ese supuesto odio en función de diferentes actitudes, gustos, amistades, etc.

No podemos obligar a nuestros hijos a que se quieran, pero sí a que se respeten. Yo creo que lo mejor es permitir cierta distancia entre ellos aunque nos duela, pero incidiendo en la norma del respeto, dentro y fuera de casa. Puede ayudar buscar puntos de interés comunes e intentar potenciarlos, pero a veces es muy complicado. De todas formas, no desesperemos, a veces, tras años de esfuerzo vano, un fenómeno externo inesperado conlleva una remisión espontánea: estoy saliendo con Jorge, el mejor amigo del imbécil de mi hermano.

Misión imposible I: caerle bien a mi hermano mayor

A veces la distancia de edad entre hermanos se convierte en una barrera, sobre todo cuando el mayor entra en la edad en que se cree adulto y el pequeño sigue siendo un enano a todos los efectos. La obsesión por no perder el afecto del hermano mayor, puede convertir al pequeño en una pesadilla insoportable y ser contraproducente.

Algunas opciones para que no se desencadene la guerra:


  • Explicarle al pequeño que el mayor lo quiere mucho pero está "a su rollo" y a veces por eso no le hace tanto caso.
  • Intentar dividir espacios físicos para que el mayor tenga su intimidad y no se sienta agobiado, especialmente en el baño y la habitación.
  • Incentivar positivamente al hermano mayor en las ocasiones en que sale de su mundo y juega con el pequeño, dejando que aflore el niño que aún es.
  • Buscar puntos de encuentro: actividades, lugares o programas de televisión que les gusten a los dos.
  • Elogiar las actitudes cariñosas o de camaradería del mayor con el menor, esto en psicología se llama incentivo social.


Misión imposible II: soportar al pelma de mi hermano pequeño

Éste es el caso opuesto al anterior, es decir, la situación vivida desde el punto de vista del hermano mayor. La necesidad de posicionarse como mayor, a veces lleva a los hermanos a distanciarse e incluso ridiculizar al pequeño por su condición. Es difícil actuar aquí, porque cuando lo hacemos, el mayor ejercerá el chantaje psicológico y nos dirá que nos estamos poniendo de parte del pequeño por ser pequeño, y por tanto, favorito. Hay que darle la vuelta a esta tortilla con mucho cuidado para que no se rompa la fina autoestima del adolescente. Algunas opciones son:


  • Explicarle cómo es el amor de un hermano menor por el mayor: se trata de un lazo muy fuerte, puesto que, junto con los padres, los hermanos mayores son las únicas personas a las que se conoce desde el nacimiento.
  • Explicarle al pequeño que, aunque su hermano lo quiere mucho, no puede estar todo el tiempo con él, como ocurre con sus padres, que tampoco pueden compartir todas sus actividades.
  • Identificar las situaciones que son especialmente molestas para el hermano mayor y aplicar un castigo negativo (retirar un reforzador): cuando esté pesado, apagar la tele, dejar de atenderlo, cambiar el tipo de merienda, etc.
  • Resaltar ante el mayor la idea de que, precisamente por ser mayor, es capaz de tener más paciencia con su hermano cuando se pone un poco pesado.

Aún me quedan unos cuantos tipos de pequeños caínes, la semana que viene publico la continuación.


1 comentario:

  1. Me gusta, mejor dicho me interesa este tema. Estaré atento a nuevas entradas.

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