jueves, 28 de abril de 2016

Pequeños caínes II

Hola de nuevo. Hoy voy a continuar hablando de los hermanos y sus relaciones, a veces difíciles. Como dije en la primera parte de Pequeños caínes, lo de que la familia no la elige uno, no es un tópico, sino una realidad. No hay más que recordar, los que estéis casados, los primeros meses de matrimonio, inevitablemente al convivir con otra persona, se hacen comparaciones con la familia de origen, que nos ha marcado de por vida, queramos o no: mi madre hacía las croquetas caseras, mi hermana no necesitaba tanto tiempo para maquillarse, mi padre no perdonaba el fútbol los domingos, etc, etc. La impronta que nos ha dejado nuestra familia de origen nos acompañará de por vida, y a veces, después de habernos rebelado contra ciertas actitudes durante años, nos encontraremos repitiéndolas inconscientemente con el paso de los años (¡vaya!, si es lo mismo que me decía mi madre a mí!).
Volviendo a los hermanos, aquí os dejo otras tipologías de pequeños caínes que hacen la convivencia, digamos, más interesante.

Hermano bueno, hermano malo

Es imposible no comparar a los hijos, es dificilísimo que no se nos escapen esas comparaciones en voz alta, pero hay que intentarlo. Las comparaciones entre hermanos están mediadas por dos premisas que en sí son falacias, es decir, son mentiras que nos decimos los padres a nosotros mismos. 

Primera mentira: si los he educado igual. Nunca se educa igual a los hijos, porque uno no es igual todo el tiempo, y  mucho menos nuestras circunstancias: con el primer hijo tenías más tiempo, o tenías otro trabajo, o te llevabas mejor con tu mujer, o todo lo contrario, y además, tenías 2, 3, 4 años menos, por tanto, eras otra persona.

Segunda mentira: si los quiero igual. Nunca se puede querer igual a dos personas distintas, aunque sí con la misma intensidad, lo que varía normalmente es la causa de ese querer: a uno lo quieres porque sientes que te necesita más, a otro porque se parece más a ti, a otro porque es más afectivo, a otro porque es más inteligente...

Resultado de todo lo anterior es que los hijos son diferentes y a veces esas diferencias se agudizan porque ellos inconscientemente necesitan posicionarse en el universo familiar: es típico de cualquier familia tener el hermano aplicado y el vago, el ordenado y el desordenado, el tímido y el extrovertido, etc. Los niños tienen un razonamiento innato que les hace suponer que para destacar deben diferenciarse, ofrecer algo nuevo a su público: nosotros, los padres.

En estos casos el principal consejo es el de evitar las comparaciones, pero además, tener dos hijos extremos es una gran oportunidad para enseñarles que la vida no siempre es blanca o negra, y que hay que saber apreciar la escala de grises. El pensamiento dicotómico es una distorsión cognitiva de la que debemos huir desde los primeros años de nuestra vida. Algunos trucos:
  • Minimizar las diferencias entre los hermanos opuestos, restar importancia a las mismas (papá y yo también somos muy distintos y ninguno es mejor que el otro).
  • Destacar los aspectos mejores de cada uno.
  • Potenciar las situaciones en las que se "cambian los papeles", evitando etiquetas, con elogios.
  • Evitar las situaciones que puedan ser traducidas como favoritismo hacia uno de ellos.
  • Ignorar las llamadas de atención que se traduzcan en posicionamientos aún más extremos.
  • No intentéis nunca compensar esas llamadas con repartos supuestamente equitativos de la atención y cuidados: los hijos son consumidores insaciables de esa atención desde que nacen y sólo vais a sentiros más culpables y frustrados.



Hermano manipulador

Tendría que haber añadido a este título la coletilla "víctima encantada", porque si algo tienen los hermanos manipulados es que tardan muchos años en darse cuenta de que lo son y durante el proceso son felices como cuando votamos con ilusión a un nuevo partido o compramos el champú de moda creyendo que lo hemos elegido nosotros.

¿Es malo ser un hermano manipulado? No necesariamente: no está entre los diez principales motivos de terapia al llegar a la edad adulta..bromas aparte, es mucho peor ser un hermano manipulador. El proceso mental de un niño que manipula a su hermano es: primero mi hermano, después mis padres, después mis amigos y por fin...el mundo. Aunque lo digo en tono humorístico, es peligroso que piensen que pueden extrapolar este comportamiento manipulador, especialmente en el entorno escolar.

En fin, sin ponernos a la altura cognitiva de los niños, nuestro deber es potenciar la igualdad entre hermanos y que cada uno pueda desarrollar su personalidad. Posibles acciones en este sentido:

  • Explicarle al manipulador que el otro hermano puede tener gustos diferentes y estimular su curiosidad (¿por qué no le preguntas a él qué color, canción, cuento...prefiere?).
  • Establecer turnos de palabra para que el manipulador deje hablar a la víctima sin interrupciones.
  • Poner ejemplos de otros hermanos que tienen gustos diferentes, mejor si son conocidos: pues cuando éramos pequeñas tu tía y yo escuchábamos música distinta.
Lo único peligroso de ser un hermano manipulado es convertirse en un hermano dependiente en la edad adulta, por eso es importante potenciar la relación afectiva sana entre hermanos.

El tercero que lo cambia todo

Vale, ahora hemos conseguido que los demás no nos miren por encima del hombro por ser padres primerizos: tenemos dos niños y una vida estable. Todo parece bajo control, pero de repente.. Cuando tuve mi tercer hijo descubrí que una mujer no debería tener más hijos que brazos: ser madre puede llegar a ser un ejercicio muy aeróbico y la capacidad física es importante.

El tercer hijo suele ser el "que se cría solo", como dice la mayoría de los padres. Ya no estamos tan preocupados por todo, controlamos la mayoría de las variables y tenemos amplia experiencia en la práctica puericultora, sin embargo, ¿cómo afecta a los otros dos?

El hijo mayor hasta entonces era sólo "el privilegiado mayor", ahora se convierte en "te toca hacerlo solo, eres el mayor" (por lo que he mencionado de los dos brazos) y claro, eso no mola tanto. Hacerse grande de un día para otro porque aparece alguien muchíiiisimo más pequeño es una cuestión lógica pero desafortunada a todas luces. No tardan en aparecer los celos, acompañados de la incomprensión de los padres, que aceptan celos del pequeño convertido en mediano, pero no del "grande". 



El hermano pequeño que deviene en mediano se convierte en el jamón (lo que queda entre pan y pan). Cuando llamo jamón a mi hija mediana, no le hace ninguna gracia, y es que ser jamón es muy complicado. Aunque el jamón es lo más rico, el jamón no lo sabe, y tiene que posicionarse para asegurarse nuestra atención. Este posicionamiento suele ser a costa de nuestros nervios generalmente: niños inagotables que te gustaría ver a cámara lenta para poder apreciar sus movimientos, rebeldes, contestones, traviesos, ocurrentes y, en general, maravillosos pero agotadores. ¿Cómo ayudar a estos dos tipos de hermanos, mayor alejado y pequeño destronado?

  • Implicarlos de una manera especial en el cuidado de los otros hermanos (al mayor) o del pequeño (al mediano), siempre que la diferencia de edad lo permita.
  • Potenciar sus contactos sociales externos con otros niños de su edad: puedes quedar con tus amigos porque eres mayor.
  • Tener un momento al día sólo para cada uno (esto se debe aplicar a todos los hijos, por lo que no es conveniente tener más hijos de las horas de que se dispone...).
  • Hablar bien de ellos con otros adultos cuando sabemos que escuchan.
  • Refuerzo positivo: elogios, son más efectivos los indirectos (cómo me gustaría que el hermanito pequeño fuera como tú) y pequeñas gratificaciones, especialmente efectivas si se asocian a los sacrificios generados por la presencia del nuevo hermano (como no hemos podido ir al cine por el hermano, os dejo ver una película esta noche con nosotros).


Hermano madre

Es una versión del hermano manipulador. El hermano madre siempre es mayor que el otro y con frecuencia, mucho mayor. Tener en casa un hermano madre no es grave, pero puede generar tres tipos de problemas: 

  1. Que el hermano madre se responsabilice tanto que deje de llevar una vida de niño.
  2. Que las continuas intervenciones supuestamente educativas del hermano madre resten autoridad a los padres reales.
  3. Que se cree en el hijo pequeño un conflicto de lealtades al no saber a qué madre hacer caso.
La solución pasa por mostrarle al hermano madre las ventajas de ser un hermano mayor y darle más protagonismo en el proceso de crianza del pequeño, pero dejándole claro cuáles son los límites de su rol y qué decisiones deben ser tomadas por los padres siempre.

Bueno, este es mi resumen de las relaciones entre hermanos, que no siempre son fáciles. Espero que os sea útil. En todo caso, recordad siempre que son personitas que se están formando, que no piensan, ni sienten, ni actúan como adultos, que están posicionándose y aprendiendo a convivir, y sobre todo, que ellos son las estrellas de nuestra constelación familiar.



Nuestra constelación familiar

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